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Tres directores y el protagonista de un documental evaluaron el desarrollo del FICER y destacaron el valor de visibilizar la capacidad del cine producido en Entre Ríos. Las miradas de los hacedores de un Festival que da impulso al cine, desde el territorio y para toda la región.

Continúa el Festival Internacional de Cine de Entre Ríos (FICER), en el polo turístico cultural que componen el centro cultural La Vieja Usina, el Instituto Audiovisual y el Centro Provincial de Convenciones, ubicados en la capital entrerriana. La iniciativa, de acceso libre y gratuito, organizada por el Gobierno de Entre Ríos, a través de la Secretaría de Turismo y Cultura, cuenta con satisfactorias opiniones de los directores y protagonistas de las películas.

El Festival es una escuela

“El Festival es algo para celebrar, mi educación en cuanto a lo que el cine respecta, nació en un festival de cine”, destacó Iván Fund, director de la película A B, que forma parte de la sección cine entrerriano del FICER.

En ese sentido, el realizador crespense recordó: “Cuando me fui a Buenos Aires, estudié un año en la escuela de cine y me fui, porque para mí ya estaba bien, entonces comencé a ir al Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) y al Festival de Cine de Mar del Plata, que son para mí la escuela de los directores”.

“Si uno quiere hacer cine, tiene que ver y hacer, no hay mucha más vuelta que eso – dijo y analizó- si bien cada uno tendrá su forma, la experiencia es realmente algo fundamental en términos de formación y de difusión. Que exista un festival de cine realmente es muy importante, inclusive más importante a que exista una escuela, porque el festival es una escuela, ojalá sea el primero de muchas ediciones, porque es un lugar donde uno tiene acceso no sólo a las películas que de otra manera no podría ver, sino que en la mayoría de los casos constituye un espacio de cruce para desmitificar lo que es hacer cine”.

Por otra parte, Fund reflexionó sobre lo que significa para él hacer cine en su provincia: “En los años que vengo haciendo películas, que ya van casi diez, más de la mitad de lo que he hecho ha sido en Entre Ríos, toda mi familia de parte paterna es de esta provincia y yo me crié en Crespo. Para mí, siempre fue algo muy natural filmar en mi ciudad. Si bien me fui a Buenos Aires a estudiar y me quedé a vivir allá, siempre volví a filmar. Desde mi primer corto hasta mi última película, los hice ahí en mi pueblo. Pienso que filmar en el lugar donde uno vivió su infancia, su adolescencia, es como filmar en un lugar donde uno se siente amparado, ese resguardo que te dan los amigos, la familia y toda la comunidad que está dispuesta a acompañarte y a apoyarte para que se puedan hacer las películas”.

La práctica de filmar en Crespo y repetir la experiencia, dijo el director de La Risa y Los Labios hace que “la gente se acostumbre, esté dispuesta apoyar, hasta hay un disfrute, se empieza a involucrar toda la comunidad en la película. También a veces las películas son una excusa para retratar a la gente que uno quiere, es como que son una especie de documental encubierto”.

“El cine es una industria cultural que genera trabajo”

Marina Zeising, por su parte, reconoció que eligió Entre Ríos para filmar “cautivada por los paisajes del litoral y por la historia de don Blas como lo conocen todos aquí”.

La directora de Lantéc Chaná, el documental sobre Blas Jaime, el último heredero de la lengua chaná que vive actualmente en el barrio El Morro de la capital provincial, señaló: “Lo interesante de Blas Jaime es que supo guardar dentro de su línea familiar la cultura y la lengua chaná y la validación de su testimonio por parte de Pedro Viegas Barros, investigador y lingüista del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Yo estoy completamente feliz de que suceda el Festival y de estar aquí unos días. Esta provincia cuenta con una calidad increíble de técnicos, actores y recursos naturales, sobran motivos para elegirla y contar desde aquí una historia”.

Por otra parte, Zeising manifestó: “Me encanta que haya un espacio sobre todo para mí como directora mujer, tener presencia en mesas debate, reflexionar sobre la Ley de Fomento Audiovisual de Entre Ríos y otras cuestiones. Y no sólo eso sino también posicionar y mostrar a Entre Ríos en el país y en el mundo. Mi película se presentó en varias provincias, en Italia, Polonia, en Estados Unidos, en España y en Chile. Pensemos también en el trabajo que implica hacer una película, el trabajo que implica hacer un festival, hay una población de gente que come acá, que se hospeda, la logística y otro montón de cosas que generan trabajo, el cine es una industria cultural que genera trabajo, por eso es muy importante este Festival en nuestra región”.

Una gran historia

Omar Borcard es un cinéfilo que protagoniza una gran historia. Un cine en concreto es otra de las películas de la Sección de Cine Entrerriano del FICER. “Uno lleva el cine en el alma. En este Festival sentí algo muy lindo, me recibió un público muy cálido, parecido a lo que me pasó cuando fui a Lima (Perú) a un festival, a acompañar la proyección de la película. He sido tratado con tanto cariño por los organizadores de este Festival que me encuentro muy agradecido de estar formando parte y charlando con la gente que viene”.

Un cine en concreto aborda la historia real de Borcard, un cinéfilo que se negaba a ver morir una sala de Villa Elisa. “Desde chico vendía revistas para poder ir al cine los fines de semana”, recordó Omar, un albañil que mantuvo intacta su pasión, a tal punto que decidió emprender una aventura que le permitió que el cine siga vivo en su barrio.

El documental Un cine en concreto participó con una gran repercusión del público en el FICER y ya se había proyectado con éxito en el Festival de Cine de Mar del Plata y en otros certámenes internacionales.


Los procesos de identificación

Por su parte, el director Sergio Mazza, en la antesala de la proyección de la película Mi mamá lora, destacó que el gran logro del Festival “es hacer que el público se encuentre con este tipo de películas, con un cine alternativo a Toy Story y a tantas otras películas que tienen gran alcance. En Mi mamá lora actúan chicos de nuestra región, y estos niños que están aquí y que la van a ver, se van a dar cuenta de que los actores hablan como ellos y se parecen a ellos. En ese proceso de identificación se ponen en valor las emociones que merecen ser contadas”, destacó.